Jon Sonen reinterpreta bajo su estilo propio el concepto “De muy buen gusto”, una propuesta audaz dentro del casual lujo. Para el diseñador barranquillero, los elementos de la indumentaria masculina “se coordinan, no se combinan”: se deja a un lado la rigidez y se propone la versatilidad, el confort y la practicidad como aliados de lo elegante.
La apuesta de color es intensa —azules, amarillos, rojos y verdes— sin dejar de lado el negro, el blanco y los tonos neutros, grandes amigos del guardarropa masculino. La colección se caracteriza por siluetas de fit más ajustado en chaquetas, pantalones, camisas y camisetas.
Entre los destacados figura el polo silueteado, en estampados o liso, con bases textiles naturales que aportan comodidad y frescura. Los accesorios de vanguardia —gafas, pulseras, mancornas— complementan las prendas clásicas, fabricados con materiales cuidadosamente seleccionados. Y, por supuesto, la guayabera se mantiene constante, adornada con bordados manuales que aportan ese estilo ceremonial y de lujo a los outfits de lino.
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